Día tras día, semana tras semana durante un mes, íbamos juntitas a comprar cada día un poco de algo. Es que si llegábamos un día con 50 cervezas... pues a parte de perder los brazos por el camino, algo raro notaría J....
Al llegar a casa lo escondíamos en el armario de la habitación de invitados. Íbamos haciendo pila.
- Mamá, y si papá un día abre el armario?
- Pues nos reiremos mucho de verlo tirado debajo de tanto alcohol...
Acabó el armario hasta los topes. Las últimas bolsas de patatas ya las tuvimos que meter sin acabar de abrir las puertas...
Elaboramos un maquiavélico plan... buahahaha!!! Ese día nos levantaríamos, desayunaríamos y le diría a J. que teníamos que ir (sólo él y yo) al centro comercial a comprarle el regalito a la Peque. Una vez estuviéramos fuera de casa, ella llamaría a mi hermana y, todos, vendrían a casa (todos debían estar ya en casa de mi amiga, que vive justo enfrente) y traerían lo de nevera (kilos y kilos de embutido, los pasteles (tuvimos que hacer dos), etc.
Esa misma noche, después de repetirnos el plan 594.893 veces la una a la otra y mientras estábamos cenando (los tres):
- Oye, J. Éste sábado me tienes que acompañar al centro comercial.
- Y eso?
- Es para comprar aquello de tu madre.- Me mira, le hago con la cabeza que disimule con la Peque. Lo entiende y asiente con la cabeza.- Peque, cariño, tenemos que hacer unos encargos el sábado... tu te quedas en casa, que no tenemos mucho tiempo y así iremos rápido, vale?
- Vale, mami.- me dice la cacho bruja con media sonrisa en su cara.
Los días seguían pasando. A mi se me empezaba a caer el pelo de los nervios. Decir tantísimas mentiras, estar bajo tanta presión... me empezó a salir una urticaria por todo el cuerpo... brazos, cuello... todo lleno de granos...

- Igrein, estoy preocupado. Tendrías que ir al médico.
- No te preocupes, si esto es el calor... y los nervios.
- Pero... de qué tanto nervio?
- No sé... del trabajo, de la vida... (jajajaja!!! Soy una mema diciendo mentiras)
- Pues vamos y que te miren y te den algo para calmarte.
- No te preocupes, esto se me pasa en breve (exactamente en dos días, que son los que faltan para tu cumple)...
Ya era viernes, y la Peque tenía una fiesta de graduación en el cole. Era una sorpresa que nos habíamos currado algunas madres y no queríamos que ellos lo supieran. Al mediodía ella ya lo sabía. Se lo había dicho su amiga Pepita. No pasaba nada, pero me dio rabia, porque hubiera sido una sorpresa genial si no lo hubiera sabido.
- Igrein- Jolín, tu amiga Pepita se podría haber callado...
- Peque- Ya lo sé mamá, pero no pasa nada. A mi me hace la misma ilusión. Mira haré ver que no lo sé y me llevaré una super sorpresa cuando me entere que es una fiesta sorpresa. (esta cría es más mona y no nace)
- J. - Ya... pero si lo sabes no es lo mismo... lo chulo es que no sepas nada... y que la sorpresa sea de verdad.
La Peque sonrió. Me miró, le brillaban los ojos. La miré, le sonreí. La preparación de esta fiesta nos estaba trayendo algo con lo que yo no había contado: una complicidad enorme entre mi Peque y yo.

Continuará...








